En comunidades de propietarios, muchas averías graves empiezan por pequeños fallos que nadie revisó a tiempo: sumideros sucios, juntas abiertas, canalones colmatados o remates desplazados.
Antes de la temporada de lluvias conviene hacer una revisión preventiva de cubierta, azotea, patios superiores, casetones y puntos donde confluyen varios elementos constructivos.
Uno de los puntos más importantes es el drenaje. Si los sumideros evacúan mal o las bajantes están parcialmente obstruidas, el agua se embalsa y termina buscando salidas por zonas no preparadas.
También deben revisarse encuentros con petos, claraboyas, cuartos de instalaciones y pasos de antena o climatización. Son detalles pequeños, pero muy propensos a abrir vías de entrada de agua.
En edificios con varias reparaciones antiguas, es habitual encontrar materiales distintos conviviendo sin continuidad. Ahí conviene comprobar adherencias, solapes y estado general de los sellados.
Las humedades en última planta no siempre son inmediatas. A veces una cubierta lleva tiempo fallando y el daño se manifiesta cuando llegan lluvias más intensas o varios días seguidos de humedad.
Una comunidad que revisa antes del otoño suele ahorrar en urgencias, reduce molestias a vecinos y puede planificar mejor las obras necesarias con más tiempo y menos presión.