Antes de impermeabilizar, verifica que el soporte esté estable, seco y limpio. Sin esa base, incluso un buen material puede fallar.
Revisa la pendiente real hacia desagües. Si no hay evacuación correcta, el estancamiento reduce drásticamente la vida útil del sistema.
Planifica encuentros y puntos singulares: petos, juntas, sumideros y umbrales de puertas. Son las zonas que más atención necesitan.
Elige el sistema según uso de la terraza: transitable, no transitable, exposición al sol y tráfico previsto.
No mezcles capas de distintos sistemas sin compatibilidad comprobada. Es una causa muy común de ampollas y desprendimientos.
Finaliza con una revisión completa de remates y una prueba de estanqueidad. Ese control final evita sorpresas posteriores.